Dr. Miguel Aizpún Ponzán

Dra. Eva Fernández Vilariño

Dra. Patricia García Morrás

Disfruta del sol

El sol y la salud son términos que siempre han ido de la mano, pero no por eso es totalmente cierto que las radiaciones solares sean siempre saludables.

En la Europa de los siglos XVII y XIX, la distinción de la mujer de la alta aristocracia con respecto a las clases sociales más bajas dio lugar a patrones de moda dirigidos directamente a evitar cualquier exposición a los rayos solares. De esta forma, la mujer de la alta sociedad podía distinguirse de la de las clases más bajas, ya que estas últimas mostraban pieles más morenas y más curtidas o deterioradas por el efecto del sol cuando realizaban labores en el exterior, principalmente cuando faenaban en el campo.

La modista Coco Chanel desempeñó un papel primordial en los cambios de tendencia de moda hacia los años veinte; ella supo imprimir en los hombres y mujeres de mediados del siglo pasado el criterio de que una piel bronceada luce más y mejor que una piel clara.

La sociedad actual ha mantenido la moda impuesta del bronceado, por desgracia generalmente abusivo.

Es indudable que el sol es necesario para la vida. El sol es beneficioso para el ser humano, pero también tiene sus riesgos. Tenemos pues que valorar los efectos positivos y negativos de la exposición solar.

EFECTOS POSITIVOS:

1.- Mineralización ósea y activación de la vitamina D. Para conseguir vitamina D activa sólo son necesarios 15 minutos de exposición solar por tanto no están justificadas exposiciones prolongadas con ese fin.

2.- Acción antidepresiva. La falta de exposición solar está relacionada con el “síndrome afectivo estacional” o “melancolía invernal”, se caracteriza por presentar fatiga, tristeza, hipersomnia, aumento de la ingesta de hidratos de carbono y disminución de la libido. A partir del tratamiento de este trastorno afectivo con radiación UV, se ha estudiado a fondo la acción antidepresiva de la luz solar.

3.- Mejoría de algunas enfermedades de la piel como por ejemplo la psoriasis, el vitiligo, el eczema atópico o la alopecia areata.

4.- Aumento de la secreción de la melanina por la epífisis. Esta acción está relacionada con su potente efecto antioxidante a nivel celular.

5.- El bronceado es el resultado de la síntesis de melanina por los melanocitos y puede considerarse positivo siempre que se cumplan las reglas que aconsejan los dermatólogos.

EFECTOS NEGATIVOS:

Hay que tener en cuenta que los rayos ultravioletas del sol provocan un daño acumulativo sobre el ADN de las células de la piel que conlleva una serie de riesgos para una persona sana.

1.- Quemaduras (UVB). Estas lesiones se producen tras exposición solar incontrolada y sin fotoprotector adecuado, aparecen entre las tres y las seis horas postsolares, pudiendo llegar a quemaduras de 2º grado.

2.- Insolaciones o “golpe de calor” (IR). Con manifestaciones sistémicas como deshidratación y alteración de la homeóstasis interna.

3.- Fotodermatosis (UVB-UVA). Hay enfermedades de la piel inducidas por el sol como la Lucitis estival benigna, Lucitis polimorfas, y enfermedades de la piel que empeoran con el sol como el Lupus Eritematoso.

4.- Envejecimiento Cutáneo (UVA+UVB). La exposición solar profesional (agricultores, marineros, etc) o bien con fines estéticos provoca lesiones cutáneas típicas como las manchas solares (léntigos) y pérdida de elasticidad y tersura de la piel en zonas expuestas al sol, que favorece la formación de arrugas.

5.- Cáncer de piel (UVA*UVB). Debido a las alteraciones celulares por las repetidas acciones solares sobre los queratinocitos y los melanocitos.

Así que tome usted el sol con precaución y con la fotoprotección adecuada. No tome el sol en las horas de máxima incidencia solar, lleve la cabeza cubierta (use gorro), lleve gafas de sol y aplique el fotoprotector adecuado a su tipo de piel, renovándolo después del baño y cada 2 ó 3 horas.

 

Miguel Aizpún.

Publicado en La Rioja el 5 de Agosto de 2014

 
Algunos irritantes compañeros de viaje

Sea cual sea su destino veraniego, siempre estará expuesto a la picadura de algún animal. Tanto las abejas, como las avispas, los mosquitos, y las medusas y anémonas, o algunos peces, suelen producir urticarias, lesiones habonosas, y picor. Pueden llegar a ser graves en niños y personas alérgicas. Es preciso tomar medidas preventivas como el uso de insecticidas no tóxicos y de dispositivos del tipo ‘enchufes’, para prevenir durante el día y la noche las picaduras de insectos.

Los mosquitos son los insectos que más picaduras producen. Ataca sobre todo desde el atardecer hasta la salida del sol. Sólo pica la hembra, pues el macho solo requiere néctar.

Las pulgas pican en forma de línea o grupos formando pápulas (ronchas) centradas por el punto de la picadura. Pueden transmitir enfermedades con su picadura.

Las de los chinches son picaduras grandes aisladas. Mucho cuidado porque suelen permanecer en las prendas de vestir para seguir picando a la víctima, siempre de forma lenta y permanente.

Otros insectos molestos son las moscas, aunque sus picaduras no suelen originar lesiones, salvo alguna pápula. Todo lo contrario que los tábanos, que pueden producir habones que, fácilmente, se infectan, lo que origina abscesos en la piel más o menos grandes. La atención de estas picaduras requiere el diagnóstico y el tratamiento del especialista.

Las abejas mueren tras la picadura pues su aguijón se queda clavado en la víctima, lo que ocasiona su muerte.

Las avispas (no mueren al picar) son las que causan más reacciones por picaduras. Sin embargo, las reacciones alérgicas aparecen con más frecuencia en los cuidadores de abejas, sobre todo en el caso de los apicultores quienes, tras múltiples picaduras, llegan a sensibilizarse.

En cualquier caso, si le pica cualquier animal, se debe limpiar la zona con agua o amoniaco y no utilizar remedios como barro o saliva que sólo podrían infectar la herida. Hay personas a las que les pican más los mosquitos dependiendo del tipo de piel, del olor, del sudor, etc. Pero es sabido que sólo pican las hembras que necesitan las proteínas de nuestra sangre para la maduración de sus huevos.

Los insectos tienen una gran importancia desde el punto de vista económico, sanitario y medioambiental. Tenemos ejemplos en estos sentidos positivos y negativos. Los insectos contribuyen a la transmisión del polen de muchas plantas y por tanto, influyen decisivamente en la fecundación de plantas que darán frutos, flores, nuevas semillas, etc. También pueden ser fuente de alimentos, bien por ellos mismos en algunas culturas o por productos elaborados por ellos, como por ejemplo la miel. También pueden tener efectos desastrosos desde el punto de vista económico, como sucede con las plagas de langostas que destruyen las cosechas.

Desde el punto de vista sanitario, tienen una gran relevancia, porque pueden ser transmisores de importantes enfermedades como por ejemplo la malaria, la fiebre amarilla, la enfermedad del sueño,                                         etc., y también porque la picadura de determinados insectos pueden causar problemas por el efecto tóxico del veneno introducido por la picadura o bien por desencadenar reacciones alérgicas en aquellas personas que se hallan sensibilizadas al mismo.

Diversos insectos o arácnidos inyectan con su picadura sustancias que por su efecto tóxico producen reacciones cutáneas locales más o menos extensas, aunque en ocasiones puede haber reacciones generalizadas.

En las formas más leves vamos a ver la reacción cutánea y a veces acompañada de urticaria, rash cutáneo, tos seca, picor de ojos, etc. En las formas moderadas van a presentar náuseas, vómitos, sensación de ahogo, etc. Y en las formas graves además, se presenta astenia general, hipotensión, pérdida de conciencia, y en algún caso el pronóstico puede ser fatal.

Las personas que sufran picaduras, y sobre todo, si son frecuentes o de intensidad moderada, deben consultar a su médico de familia y él decidirá si debe ser valorado por el alergólogo. En los últimos años los tratamientos realizados por los alergólogos, en las personas sensibles a las picaduras de heminópteros, han avanzado mucho en efectividad, y en menos efectos secundarios, lo mismo ha sucedido en los medios de diagnóstico.

Como medidas prácticas para estas personas se recomienda: no segar el césped, no cortar flores, no acercarse a basuras y desperdicios, no hurgar en avisperos, si una avispa o abeja se posa sobre alguna parte de su anatomía no intente matarla ni espantarla, caminar descalzo fuera de la casa, evitar el contacto con animales: perros, gatos, caballos, etc., viajar con las ventanillas del coche cerradas, ir poco al campo, no llevar colonias, perfumes, lacas, etc., no llevar ropa de colores y pocas zonas de la piel al descubierto. Son medidas muy prácticas, efectivas, sencillas, pero que pocas veces se llevan a cabo y que con frecuencia se olvidan.

 

Miguel Aizpún.

Publicado en La Rioja el 29 de Julio de 2014

 
Los cosméticos son efectivos en el envejecimiento de la piel

Si, siempre que no se les pida más de lo que pueden dar. Milagros no. Una crema va a eliminar una arruga, no, pero sí va a retrasar su formación y un adecuado uso de los cosméticos, van a mantener mejor la piel, lo mismo que un uso inadecuado, va a favorecer su envejecimiento.

La utilidad de los cosméticos en el proceso de envejecimiento de la piel, siempre ha sido un tema científicamente controvertido y donde confluyen importantes intereses económicos, apoyados por importantes campañas publicitarias, a veces muy agresivas.

Los cosméticos consiguen más luminosidad, más tersura, disminuyen la intensidad de las arrugas, y algunos de ellos hacen desaparecer defectos como las manchas producidas por el sol o por la edad. Las cremas no pueden tratar el envejecimiento pero ayudan y mucho. Es cierto que no se pueden tener 20 años a los 50, pero sí tener mejor los 50 años.

Por otra parte, el ser humano cada vez vive más años y desea también vivir lo “más joven y guapo/a” posible.

¿Debemos pues, usar o no cremas? Si. Debemos cuidar adecuadamente nuestra piel con hábitos de vida saludable y los cosméticos adecuados. Y lo primero será saber que tipo de piel tenemos, aceptarla y con arreglo a nuestro tipo de piel y con el consejo de nuestro dermatólogo, saber cómo la debemos cuidar.

Deberemos tener una buena higiene. En los bebés usando champús y jabones líquidos que posean bajo poder deslipidizante, detergente y que no sean irritantes. En los niños usar también jabones y champús suaves. Los comportamientos adquiridos en la infancia, tienden a perdurar a lo largo de la vida.

En la juventud, tanto en las chicas como en los chicos, al existir un importante aumento de la secreción sebácea suelen presentar una piel brillante y de aspecto untoso. Un terreno ideal para el desarrollo del acné. Será importante la limpieza con geles limpiadores por la mañana y por la noche con constancia, que no siempre es fácil a esa edad.

En la piel adulta, la higiene seguirá siendo importante y según el tipo de cutis, se realizará con un pan, un Syndet, una leche limpiadora, etc. Cada tipo de piel tiene su cosmético adecuado para su higiene. Nunca, una mujer debe acostarse sin eliminar su maquillaje y limpiar su piel adecuadamente.

La deshidratación es otro enemigo de nuestra piel y favorecedor del envejecimiento cutáneo. Hemos de hidratar la piel adecuadamente.

En los bebés, en los niños, la hidratación es muy importante, porque la piel seca, es muy frecuente en esta etapa de la vida. Si ese niño, tiene una piel atópica, cada vez es más frecuente, el 20-25% aproximadamente de los niños son atópicos, se debe extremar la hidratación, con cremas adecuadas para este tipo de piel. La piel atópica, se caracteriza por ser una piel seca, con tendencia a la inflamación y el picor. Si hay lesiones, se debe acudir al dermatólogo. La atopia es una enfermedad dermatológica, que requiere un estricto control y seguimiento por el especialista.

En la juventud por ese aumento de la secreción sebácea, la hidratación se debe realizar siempre con productos oil free. Y en la piel del adulto, y sobre todo con el paso de los años la hidratación va a ser fundamental para un correcto mantenimiento de nuestra piel y una forma efectiva de prevenir el envejecimiento cutáneo. Las cremas hidratantes actúan también como una barrera de protección frente a las agresiones externas: sol, frío, aire, cambios de temperatura, etc.

Es muy importante usar la hidratante adecuada a nuestro tipo de piel y de forma correcta. Si se utilizan inadecuadamente, en exceso, o la no correcta por ejemplo, una piel normal o mixta se puede engrasar en exceso, y va a “tener problemas”. Pueden aparecer brotes de acné o de dermatitis seborreica. No se trata de “engrasar” nuestra piel, sino de hidratarla correctamente.

La percepción de utilidad o no de las cremas cosméticas depende en buena parte de lo que se espera de ellas. Muchas veces lo que se compra es satisfacción, ilusión, etc, igual que ocurre al comprar ropa de marca o un coche de alta gama. Pero no hay que llevarse a engaños. Si se quiere envejecer despacio, el mejor cosmético es no maltratar la piel y protegerla frente a la exposición solar.

Ya ven, los cosméticos, son necesarios, pero como les decía al inicio, no les pida milagros. Y como es un tema que da para mucho más, continuaré dándoles mi opinión sobre un uso adecuado de las cremas.

En resumen, para retrasar el envejecimiento de la piel: tener la piel bien hidratada y cuidada; no quemarse nunca con el sol; no fumar; utilizar productos adecuados; y ponerse en manos de su dermatólogo.

Miguel Aizpún Ponzán

Publicado en La Rioja el 15 de Julio de 2014

 
Confiar en el Dermatólogo

Establecer una relación de confianza con el paciente constituye uno de los logros más difíciles y fructíferos en la especialidad dermatológica. La obtención de esa confianza influye notablemente en aspectos tan importantes como el adecuado seguimiento de las prescripciones o la misma fiabilidad de la historia clínica, sin contar con las frecuentes imbricaciones  psicológicas, que deben ser tenidas muy en cuenta en determinadas patologías.

El maquillaje de hábitos no saludables  o la ocultación de algunos datos que el paciente considera comprometidos (y  hasta humillantes) son, por desgracia, bastante frecuentes cuando el médico es visto como una persona distante y  escasamente comprensiva. Para evitar este tipo de problemas, resulta muy conveniente que el dermatólogo resalte la necesidad de una participación activa por parte del enfermo para lograr su curación.

Si el paciente admite y asimila este planteamiento, se habrá avanzado

mucho en la responsabilidad  para el seguimiento de tratamientos incómodos, así como  en el descarte de perniciosas alternativas basadas en engaños o en productos supuestamente milagrosos. Y también en la superación de tabúes que propicien la ocultación o el amañamiento de datos que puedan desconcertar al especialista.

Las experiencias en consulta  demuestran que una adecuada gestión de las emociones del paciente influye en la efectividad práctica de los tratamientos. El dermatólogo debe transmitir al enfermo que  es  él, y no otro, el verdadero protagonista de su salud  y no debe poner en riesgo su principal capital, que es la vida. Este planteamiento le ayudará a tomar las decisiones más adecuadas y a defenderlas activamente con el seguimiento responsable de todas las prescripciones.

A nivel teórico, los motivos para confiar en el dermatólogo son evidentes, ya que se trata del profesional específicamente cualificado para tratar la patología que el paciente le plantea. Sin embargo, sólo la buena relación entre médico y enfermo convierte esa confianza en una herramienta práctica muy efectiva. Los especialistas veteranos saben mucho de esto.

Publicado en Julio de 2014 en la Web del Grupo de Dermatología Estética de la AEDV

Miguel Aizpún

                                                                 

 
Esas pequeñas manchas

La globalización ha acentuado la introducción en nuestro vocabulario (y, no lo olvidemos, las palabras son el espejo de la vida) términos y conceptos generalmente relacionados con  lo grande.

Se habla así de la macroeconomía, las compañías multinacionales, los beneficios de las fusiones entre empresas, la gran banca o el mercado global. Y, frecuentemente, con un subrayado de admiración o de envidia.

Resulta curioso  este planteamiento en una España donde el tejido empresarial, por ejemplo,  está constituido mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas que, en lógica correspondencia, son las que suman un mayor número de empleos. Así ocurre también con la vida misma  donde, frente a un reducido número de grandes acontecimientos (justamente llamados excepcionales) , son las pequeñas cosas las que van tejiendo lo cotidiano. Hasta el punto de que son, precisamente, esos pequeños detalles los que trazan la línea divisoria entre la cortesía y la mala educación, la alegría y el buen humor y, a la postre, entre la felicidad y la infelicidad.

  

La dermatología tampoco ha podido sustraerse a esa dinámica que admira lo grande en detrimento de lo pequeño.. Resulta frecuente, cuando se detecta  una pequeña alteración en la piel, recurrir al consejo de un amigo o al auto tratamiento, en lugar de acudir a la consulta del especialista. A veces, una pequeña mancha es el mensajero que avisa de un problema mucho mayor,  pero esta circunstancia tiende a ser ignorada. A veces, una pequeña mancha oscura, que aparece en nuestra piel, puede “esconder” un peligroso melanoma. Lo normal es atender sólo  a lo grande, lo que, en unos casos, empeora el pronóstico y, en otros, propicia la irrupción de desaprensivos sin preparación que suministran productos y tratamientos falsamente milagrosos.

  

Deberíamos prestar mucha más atención a esas pequeñas manchas , capaces de oscurecer nuestra piel o nuestra vida. En el primer caso, la solución es muy sencilla: acudir al dermatólogo. En el segundo, los afectados tal vez debieran replantearse algunas cosas en su dinámica vital.

  

Miguel Aizpún

                                                                  Publicado en la página Web del grupo de Cosmética de la AEDV

 

 
Sin piel sana no hay belleza

Es evidente que la gran importancia que la sociedad actual concede a la imagen ha contribuido a realzar el papel de la dermatología estética.

En este artículo trataré de resaltar el papel que juega el dermatólogo como director de la salud de la piel y la prevención de su patología, por ejemplo el cáncer de piel, dentro de un contexto y un objetivo característicos de la medicina, como es la prevención de la mayor calidad de vida posible en cualquier momento de la vida del paciente.

Como médicos especializados, los dermatólogos partimos de un axioma innegociable: la belleza sólo puede construirse sobre la base de una piel sana. Este planteamiento, tan radical como lógico, diferencia ya, de entrada, al dermatólogo de esa legión de personas que aplican tratamientos que, en aras de una supuesta belleza, agujerean la piel o, sencillamente, la maltratan como, desgraciadamente comprobamos los dermatólogos cuando estas personas acaban acudiendo a nuestras consultas.

El dermatólogo es el profesional estrictamente formado y cualificado para mantener la piel sana versus bella.

El seguimiento preventivo cobra una particular relevancia, si se tiene en cuenta que prácticamente la totalidad de los cánceres de piel llegan a curarse a condición de que sean precozmente detectados. El cáncer cutáneo es desgraciadamente, uno de los de mayor incidencia entre la población. En España, se suman cada año más de 4.000 casos de melanoma. Y la estadística advierte que uno de cada cinco personas de 70 años va a padecer al menos, un cáncer de piel. De cada tres cáncer diagnosticados a nivel mundial, uno es cutáneo.

Pero el papel del dermatólogo no sólo puede detectar fiablemente un cáncer de piel. Su fructífero papel empieza mucho antes, con la prevención. Concienciar sobre una exposición solar responsable constituye una tarea importantísima que el dermatólogo puede dirigir adecuadamente en función de las características de la piel de cada uno de sus pacientes. Controlará también todas las situaciones de riesgo, que no se circunscriben únicamente a la playa y el verano, sino a numerosas situaciones en épocas y entornos que precisan una protección especial.

Como médico, el dermatólogo se convierte en el director de un plan de vida saludable para la piel. No se trata de agobiar al paciente, sino de acostumbrarle a unas normas y prácticas muy sencillas, pero altamente eficaces. Los desaprensivos que tratan de hacer negocio con sus tratamientos y productos supuestamente milagrosos han tratado de presentar al dermatólogo como un especialista alejado de la preocupación estética. Estamos obligados a combatir esa falsedad porque la belleza de la piel únicamente puede realzarse con tratamientos adecuados que refuercen su salubridad.

La práctica del dermatólogo no puede desvincularse de su carácter médico. Una hoja de ruta adecuada para la estética de la piel es, a la vez, una garantía de cuidado y prevención. Incluso algunas técnicas, como el peeling químico profundo, tradicionalmente considerado como un mero tratamiento estético para mejorar las marcas del acné o las arrugas se está revelando como una estrategia efectiva, como la fotoprotección, contra la protección del precáncer de piel.

Si las personas preocupadas por mejorar la estética de su piel fueran conscientes de los beneficios para su salud presente y futura que puede proporcionarles un dermatólogo es seguro que no dudarían en confiarse a estos especialistas. Sin embargo, por desgracia, la realidad es muy diferente. Muchos de los problemas relacionados con la piel son banalizados y, al no recibir la atención adecuada, acaban desembocando en patologías de mayor importancia. Si la esperanza de vida está íntimamente relacionada con la práctica de hábitos saludables, la salud y la belleza de la piel dependen, inexorablemente, del cuidado y las recomendaciones del dermatólogo, como también de una vida saludable, donde destacaré el no fumar.

Si una de las claves de la felicidad reside en el secreto de saber envejecer, el cuidado de la piel se halla íntimamente ligado a este objetivo. Afortunadamente, hemos dejado atrás el tiempo en el que, a partir de edades que hoy consideramos muy tempranas, se consideraba normal la presencia de manchas y arrugas. Es cierto que la piel también envejece, pero no lo es menos que pueden aliviarse las consecuencias del paso del tiempo. El aspecto físico de las personas mayores de hoy nada tiene que ver con el de los mayores de hace medio siglo. La mejora ha sido impresionante y ello ha contribuido decisivamente al aumento del caudal de felicidad.

Miguel Aizpún

Publicado en la Rioja el 22 de Abril de 2014

 
Lo propio también es bello

Es curiosa la propensión que muestran algunos seres humanos a vivir vidas ajenas descuidando la propia. Ya decía Cervantes que, si se oía a alguien hablar mal de España, no cabía duda de que era español.

Esta tendencia a la admiración de lo ajeno ha sido potenciada por el lanzamiento publicitario de numerosos ídolos populares que, para una mente mínimamente racional, resultan muy poco admirables, sobre todo desde una perspectiva ética. Un hábil embaucador es capaz de hacer que se admire a un enano por su elevada estatura.

Las consultas de dermatología estética conocen bien las perniciosas consecuencias de este tipo de comportamientos. Algunos pacientes, lejos de potenciar el atractivo propio, exigen ser transformados, literalmente, en otra persona. Y, como ello exigiría un auténtico milagro, vuelcan la basura de su decepción contra el especialista que

trata de introducir un poco de cordura en su planteamiento.

Uno de los requisitos imprescindibles para la felicidad es valorar lo propio. Quizá por ello se contabilicen tantos infelices en estos días. Cualquier intento de mejora debe partir, inexorablemente, de los propios recursos. Es conveniente admirar a quien posee mejores cualidades que nosotros, pero hay que tratar de emularlo, no de sustituirlo. Cualquier persona, por torpe que sea, es superior en alguna habilidad que, potenciada, puede ofrecer positivos y hasta sorprendentes resultados. Los especialistas en dermatología estética consiguen todos los días, sobre planteamientos basados en el realismo, mejorar sustancialmente la imagen y la autoestima de sus pacientes. En cambio, los alocados intentos de sustitución sin tener en cuenta las limitaciones de lo propio, acaban haciendo bueno aquello de que el sueño de la razón engendra monstruos.

Miguel Aizpún

Publicado en Marzo en la Web del Grupo de Dermatología Estética de la AEDV

 
Una consulta a tiempo

Los avances educativos y económicos, unidos a la efectividad de las campañas divulgativas y de concienciación, han proporcionado sustanciales mejoras en la salud de los ciudadanos. Algunas especialidades han progresado , muy particularmente, en este ámbito al lograr que el grueso de la población (o, al menos, una parcela mayoritaria) se sitúen cerca del objetivo ideal de la medicina preventiva. Hoy existe, por ejemplo, una concienciación generalizada sobre la necesidad de someterse a revisiones periódicas en el ámbito del cáncer de próstata en hombres y del cáncer de mama en mujeres.

Los resultados de una detección precoz han evitado muchas muertes y propiciado una resolución favorable de la patología mucho más sencilla.

Sin embargo, en el caso de la dermatología, todavía no se ha alcanzado ese nivel. Es cierto que se ha avanzado mucho, a nivel de concienciación general, en segmentos como la exposición al sol, pero la consulta al dermatólogo queda mayoritariamente restringida, a la resolución de patologías concretas, obviando los beneficiosos efectos de la estrategia preventiva.

Esta situación resulta particularmente extraña, si se tiene en cuenta el culto a la imagen característico de la sociedad actual. Aunque debiera resultar evidente que sólo una piel sana puede constituir la base sobre la que cimentar la estética y que el dermatólogo es el especialista cualificado en este tipo de tratamientos, lo cierto es que, a nivel práctico, la consulta periódica en dermatología, a efectos preventivos, alcanza un porcentaje muy bajo.

Este contrasentido contribuye a los numerosos errores cometidos por los pacientes que, en ocasiones, detectamos en consulta cuando la situación clínica ha empeorado. A veces se trata de resolver patologías leves agudizadas por tratamientos equivocados aplicados por quienes recurrieron previamente al consejo del amigo o a desaprensivos sin la adecuada preparación. En otros casos, desgraciadamente, la ausencia de una detección precoz en cánceres de piel (que, por cierto, registran un considerable aumento) llega a provocar una situación irreversible.

Resulta urgente transmitir a la opinión pública la necesidad, no sólo de tratar la piel enferma, sino también de practicar una estrategia preventiva para proteger la piel sana. La visita periódica al dermatólogo supone, en la práctica, un respaldo a la salud y a la vida, el bien fundamental ante el cual el resto se convierte en algo baladí.

Miguel Aizpún

"Publicado el 6 de Marzo en la Web del Grupo de Dermatología Estética de la AEDV"

 
No a la automedicación

La pasada semana en esta página médica de los martes, publicábamos una noticia de EFE: cuatro de cada diez españoles aseguran tomar antibióticos sin receta para tratar los dolores de garganta y los catarros. Esto me ha hecho reflexionar, una vez más, sobre la automedicación en España. Y me he decidido a escribir, esta semana, sobre este importante problema.

Tomar fármacos por iniciativa propia sin que sea prescripción médica es automedicarse. Y resulta que es España uno de los países europeos en los que más se sigue esta costumbre que desaconsejan los expertos (médicos, farmacéuticos, etc,...) por los riesgos que entraña para la salud.

Los fármacos más comunes en la automedicación son los antibióticos y los analgésicos. Hay que tener en cuenta que, incluso con los medicamentos que no requieren receta para su adquisición, hay que tener cuidado, según indican los expertos, y leer el prospecto correspondiente y consultar al farmacéutico.

Los antibióticos son fármacos que se emplean en el tratamiento de infecciones y que destruyen la bacteria o el hongo que las causa. Son medicamentos que requieren receta médica, aunque son los más comunes en la automedicación.

Aunque gracias a la aparición de los antibióticos, el mayor éxito de la medicina del siglo XX, se ha conseguido controlar la mayoría de las enfermedades infecciosas en los países desarrollados, todavía suponen un problema sanitario y económico a nivel mundial.

En la actualidad hay una serie de enfermedades infecciosas que requieren una atención especial por su creciente incidencia y, en muchos casos, la dificultad para tratarlas se debe a las resistencias a los antibióticos que han aparecido debido al amplio uso, no siempre correcto, que se ha hecho de estos fármacos durante años. Tomar antibióticos cuando no se necesitan hace que las bacterias se hagan resistentes a ellos. Es decir, que cuando se adquiera una infección por una bacteria, el antibiótico ya no tendrá efecto sobre ella y, por tanto, no se curará la infección.

En España, en los años cincuenta, la aplicación de la antibioterapia se tradujo en una disminución del 70% de la mortalidad atribuible a las infecciones. No obstante, la propia efectividad de estos fármacos frente a enfermedades infecciosas ha favorecido su utilización masiva e indiscriminada y, de esta forma, han reaccionado desarrollando mecanismos de autoprotección y de resistencia.

Cuando el médico indique la administración de un antibiótico, debe seguir todas sus instrucciones en cuanto a la dosis que se debe tomar y la duración del tratamiento. A este respecto, es fundamental seguirlo hasta el final, pues las resistencias de las bacterias a los antibióticos aumentan cuando estos se toman de forma irregular. Por eso, la primera norma que asegura la utilización correcta de una medicación es seguir las indicaciones del médico que lo recete. Según diversas estadísticas, los antibióticos constituyen el 10% del total de consumo de fármacos, siendo recetados en un 90% en el ámbito de atención primaria.

Además, es importante leer detenidamente sus normas de uso, que están recogidas en el prospecto que se incluye en el envase del fármaco. También se recoge otro tipo de información que permite conocer por ejemplo, la composición del medicamento, clave para evitar posibles alergias o mezclas con otras sustancias que puedan entrañar riesgo. Los efectos adversos desaconsejan afrontar una situación determinada como conducir o fijar la atención. Igualmente, existen indicaciones especiales para personas que tienen ciertas patologías o atraviesan especiales circunstancias que duplican los riesgos. Es importante conservar bien los medicamentos según las indicaciones del prospecto. Mejor conservar en su embalaje original. Evitar el consumo de alcohol o cualquier droga cuando se esté tomando medicamentos.

La automedicación sin control médico o farmacéutico compuerta una serie de riesgos para la salud que en muchos casos son desconocidos por los ciudadanos:

• Toxicidad: efectos secundarios, reacciones adversas y en algún caso intoxicación.

• Falta de efectividad porque se utilizan en situaciones en las que no están indicados. Por ejemplo, a veces se toman antibióticos por tratar procesos víricos ante los que no son efectivos. Dosis inadecuadas. Tiempo de administración incorrecto.

• Dependencia o adicción.

• Enmascaramiento de procesos clínicos graves y por lo tanto retraso en el diagnóstico y en el tratamiento.

• Interacciones con otros medicamentos o alimentos que la persona está tomando. Puede haber una potenciación o una disminución del efecto del medicamento.

• Resistencias a los antibióticos.

Los médicos, y especialmente los médicos de familia, tratamos todos los días de evitar con nuestros consejos la automedicación en nuestros pacientes. Ustedes también deben de concienciarse para no automedicarse. Confíen en su médico.

Dr. Miguel Aizpún.

Publicado en La Rioja el 28/01/2014

 
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