Dr. Miguel Aizpún Ponzán

Dra. Eva Fernández Vilariño

Dra. Patricia García Morrás

Extreme el cuidado con las medusas

Cada año, las medusas se van convirtiendo en un problema mayor en las playas españolas. Hace años, encontrar unas medusas era casi anecdótico y servía de tema de conversación entre los bañistas. En los últimos años, las medusas en la mayoría de las playas españolas se han convertido en un “bañista más”. Además, cada vez se acercan a nuestras playas ejemplares más peligrosos.

Los científicos creen que hay dos razones fundamentalmente, por una parte, el exceso en la pesca ha hecho que vayan a menos los peces que siempre han actuado de depredadores naturales de las medusas, y por otra parte, el aumento de la temperatura del mar ha favorecido el aumento de las medusas. La medusa común suele ser la más habitual en nuestras playas, sobre todo en el Mediterráneo, pero en los últimos años se han detectado especies más peligrosas de medusas, no habituales en nuestras costas y mucho más peligrosas. Una de las especies de medusas más peligrosas es la carabela portuguesa, ya que tiene 10 veces mayor concentración de células urticantes y un veneno más potente. No es muy frecuente en nuestras playas, pero en los últimos años se empiezan a ver algunas.

La picadura de la medusa es de las más vinculadas al verano y es una de las más molestas. Normalmente se produce por contacto de forma accidental con alguno de los tentáculos que liberan una sustancia urticante, produciendo la reacción en la piel.

Por norma general, las picaduras de medusas no suelen ser graves, aunque siempre hay excepciones. Si hay algo que caracteriza a estas picaduras es la molestia y el ardor que presenta en la piel del bañista al entrar en contacto con la medusa.

Los síntomas comunes a las picaduras de medusas, sin contar con que el paciente sea alérgico o tendrá algún tipo de de enfermedad que haga variar estos, son: dolor, ardor, inflamación, enrojecimiento y sangrado.

Posteriormente pueden aparecer síntomas similares a los producidos por una quemadura. La distribución del veneno por todo el organismo puede conducir a una sensación de opresión torácica, calambres musculares e incluso dificultad respiratoria.

Aparece con cierta frecuencia un cuadro con angustia, agitación, pérdida de apetito, conjuntivitis y en ocasiones dolor de cabeza. Pero, en general, la clínica post-picadura suele ceder en pocas horas.

Hay que extremar la precaución en los niños en la zonas de playa con medusas. Si se ha producido una picadura, atención en los niños, en los ancianos, en embarazadas, en personas alérgicas, en personas con problemas cardiovasculares o respiratorios y también en personas que con anterioridad hayan sufrido picaduras ya que las reacciones pueden ser más intensas.

Qué se debe hacer ante la picadura de una medusa: evitar rascarse, retirar con cuidado los restos de medusa, lavarse con agua salada (nunca con agua dulce), aplicar frío (por ejemplo hielo), y acudir al puesto de socorro o centro de salud más próximo.

El verano es la estación por excelencia para las picaduras de avispas, abejas, mosquitos, tábanos, chinches, pulgas, arañas y garrapatas. Con el calor se inicia la época más prolífica de los insectos, hacemos más actividades al aire libre y llevamos menos ropa dejando al descubierto mayor extensión de piel.

Miguel Aizpún

Publicado en La Rioja el 22 de Agosto de 2017

 
Una buena protección frente al sol

Seguramente, la protección frente al sol aportada por la ropa sea una de las que menos se tienen en cuenta a nivel práctico. Y, sin embargo, se trata de un medio seguro, sencillo y poco costoso. Una vestimenta adecuada constituye una barrera eficaz contra los rayos ultravioleta B y también contra los rayos ultravioleta A y las radiaciones visibles.

                    Esto no quiere decir que los fotoprotectores (siempre recomendados por el dermatólogo para potenciar su eficacia, adecuándolos a cada tipo de piel) no jueguen un papel muy importante. Pero a menudo se olvida que deben aprovecharse todos los medios para aprovechar los efectos beneficiosos del sol y evitar sus impactos negativos.

                    Así como los fotoprotectores son cada vez más eficaces, la tecnología ha dotado también a los tejidos de propiedades protectoras que resultaban inimaginables. Hoy no existen disculpas para descuidarse en la protección frente al sol y evitar una amplia gama de efectos adversos, que van desde la simples quemaduras al cáncer de piel. Afortunadamente, tenemos a nuestra disposición equipamientos de los que podemos echar mano con facilidad, ya que resultan asequibles y eficaces. Lo más seguro y conveniente es pedir consejo al dermatólogo, que es el especialista que puede informar adecuadamente sobre los nuevos avances y orientar sobre su utilización.

                    Se han realizado muchos estudios para comprobar cual es la ropa más adecuada dependiendo de su porosidad, espesor, color, etc, la prenda con mayor índice de protección es la prenda vaquera y por el contrario algunas camisetas que usamos en verano protegen menos que una crema antisolar factor 15, y si están húmedas o mojadas, aún menos.

                    La ropa puede absorber o bloquear gran parte de la radiación cuando nos exponemos al sol.

                    Al elegir la ropa que vamos a usar cuando hacemos deporte, vamos a la piscina o a la playa, y queremos que nos proteja del sol debemos tener en cuenta:

  • El color. Los colores oscuros como el rojo o el negro, absorben más RUV que el blanco o los colores pastel, bloqueando el paso de los RUV antes de que alcancen la piel. Entre más oscuro sea el color, mayor será la protección contra los RUV.

  • El entramado del tejido. Las telas o tejidos de punto apretado bloquean más RUV que las telas con un tejido más amplio o suelto como el encaje.

  • Tipo de fibra. Las fibras sintéticas o semisintéticas (como el poliéster o el rayón) ofrecen la mayor protección solar. Por el contrario, el algodón blanqueado o el crepe ofrecen una menor protección. Las telas brillantes como el satín reflejan más RUV que las telas mate como el lino.

  • Grosor y densidad. Los materiales delgados y livianos, incluyendo algunas sedas y algodones decolorados, dejan pasar más RUV que los tejidos más pesados y densos como el corduroy o pana.

  • Factor de Protección Ultravioleta (FPU). La etiqueta de FPU le ayudará a identificar las prendas con factor de protección solar, el número en la etiqueta indica la fracción de RUV que puede ser bloqueados por el tejido.

                        Como recomendaciones muy elementales, hay que subrayar que una sencilla camiseta de algodón (y más si el tejido es tupido y de color oscuro) constituye un protector fácil y cómodo. También los sombreros de ala ancha son un medio tradicional para proteger la cara, nuca y cuello. Y el uso de las gafas de sol resulta obligatorio para preservar al cristalino de los efectos deletéreos de la radiación ultravioleta.

                        La ropa constituye una buena protección solar y cada vez el mensaje de “use ropa adecuada” para el deporte en verano o en la piscina o en la playa, será más protagonista en las campañas de protección solar del siglo XXI.

                        Hoy tenemos la oportunidad de beneficiarnos de la experiencia frente al sol de quienes nos precedieron y de los avances tecnológicos que la han mejorado y marcan el futuro. Y lo inteligente es acudir a un especialista capaz de aprovechar al máximo la mezcla de tradición e innovaciones; en este caso, el dermatólogo.

Miguel Aizpún

Publicado en La Rioja el 15 de Agosto de 2017 

 

 
Que un viaje te cambie la vida, no la salud

Emma Christofferson, una inglesa de 28 años, murió de una embolia pulmonar que se atribuyó al llamado “síndrome de la clase turista”. Poco se había escuchado hasta entonces de este síndrome que consiste en la formación de coágulos sanguíneos (trombos) en las venas profundas de las piernas tras hacer un viaje de larga duración y con pocas posibilidades de moverse. Este último factor es el que, alrededor de 1995, dio origen al nombre de la enfermedad ya que habitualmente la clase turista de los aviones (y, en general, de cualquier otro medio de transporte), ofrece asientos pequeños con poco espacio de separación, lo que dificulta que la sangre realice su recorrido normal en las venas.

Esta parece ser la única causa probada del síndrome en cuestión porque cuando se ejercitan los músculos de las piernas, presionan las venas profundas, y se logra así que la sangre de retorno ascienda hasta el corazón. Por el contrario, una inmovilidad prolongada ralentiza ese flujo de sangre y, por lo tanto, favorece la formación de trombos.

Las consecuencias del síndrome de la clase turista pueden resultar muy graves. Son precisamente los casos mortales por embolia pulmonar los que han hecho tristemente famoso este trastorno que, sin embargo, ocurre muy raramente (según estadísticas francesas, se registran 0,5 episodios por cada millón de pasajeros).

Consejos para evitar este Síndrome:

  • Levantarse del asiento y darse un paseo, al menos una vez por cada hora de viaje.

  • Masajearse los pies, los tobillos, las pantorrillas y las rodillas y ejercitar los músculos de las piernas moviendo los dedos de los pies para estimular la circulación de la sangre.

  • Tomar líquidos, pero evite el alcohol y la cafeína, que contribuyen a la deshidratación.

  • Llevar ropa suelta y calcetines o medias elásticas que estrechan ligeramente las venas y favorecen la circulación (vigile que no le aprieten)

  • Pedir asientos de pasillo o junto a las salidas de emergencia, que disponen de más espacio para estirar las piernas.

Este síndrome se puede dar también en viajes largos de autobús.

Otro de los problemas asociados a los viajeros que utilizan el avión con frecuencia en el “jet lag”, Este síndrome reúne todos los síntomas que resultan de la adaptación del organismo a un nuevo horario, siempre que se realice un viaje transoceánico, esencialmente a partir de una diferencia horaria de tres horas.

Después de una diferencia horaria de 6 horas, se necesitan al menos 2 a 3 días para reajustar el ritmo de las temperaturas y varias semanas más para la adaptación de algunos ritmos hormonales. El último de los desórdenes es la falta de sueño, a menudo debida al viaje en sí y a las actividades practicadas por el viajero.

Se ha demostrado que la adaptación es más fácil cuando se realiza un desplazamiento al oeste – extensión del día de algunas horas- que hacia el este –reducción de la jornada con algunas horas menos_. Los tiempos de reajuste son aproximadamente de hora y media por día en un vuelo hacia el oeste y de una hora para un vuelo hacia el este.

El miedo a volar es un problema al que a diario tienen que hacer frente cientos de personas. Este pánico puede aparecer por haber sufrido una mala experiencia durante un vuelo, o incluso en personas que nunca han viajado en avión. En cualquier caso, todas ellas presentan crisis de angustia que generalmente aparecen antes de subir al avión. Por ello, según los expertos, es recomendable tomar un ansiolítico.

Si el viaje es en coche hay que tener en cuenta que largas horas al volante terminan pasando factura al conductor. Al cansancio y al sueño se unen, en muchas ocasiones, los gritos, las peleas o mareos de los más pequeños. Conviene organizar muy bien el viaje, previendo pausas cada dos horas aproximadamente, y teniendo claro el itinerario para que una posible ruta equivocada no altere al piloto. Las prisas no son buenas compañeras de viaje. Se recomienda conducir tras haber descansado tiempo suficiente. Si desea se puede viajar de noche para que los acompañantes puedan ir durmiendo, pero hacerlo en plenas facultades. No establecer un tiempo de llegada, eso sólo acelerará al conductor.

 Miguel Aizpún

Publicado en La Rioja el 8 de Agosto de 2017

 

 
Disfrute del placer del sol, pero no se queme

El sol es esencial para la vida. Nuestro cuerpo está diseñado para aprovechar el sol. Debemos saber disfrutar del sol, que tiene cosas buenas para nuestro cuerpo y nuestra salud. Favorece la formación de Vitamina D, que es necesaria para la función normal de los huesos. Tiene un efecto antidepresivo.

Todos estamos deseando que lleguen los primeros días de sol para salir de la “melancolía invernal”, tomar el sol evita una forma de depresión, conocida como “trastorno afectivo estacional”. El sol es bueno para algunas enfermedades de la piel, como el psoriasis y la dermatitis atópica, y favorece el bronceado, que es un patrón de belleza, aunque ahora en la moda se va más a un moreno suave, uniforme y más duradero. Ya lo dijo Nicole Kidman, “el blanco es bonito” y el bronceado no es sinónimo de salud.

Pero el sol también tiene sus efectos negativos: quemaduras solares, envejecimiento de la piel, cáncer de piel, etc.

Sepamos disfrutar el sol positivamente. No hagamos largas exposiciones al sol, y usemos siempre una buena fotoprotección solar.

Es importante conocer la respuesta de la piel ante la exposición solar que no es uniforme en todos los individuos. Hay que conocer nuestra “tolerancia al sol” (fototipo). Hay 6 tipos de fototipos, según el grado quemadura y pigmentación.

La piel tiene su propia protección frente al sol. Aumenta la producción de melanina y se produce el bronceado (protección fisiológica), pero nosotros debemos de adoptar unas medidas de fotoprotección (protección activa).

  • No tomar el sol en las horas de mayor actividad solar, de 12 a 16 horas. Aproveche para comer y realizar la siesta. Nunca al sol.
  • Usar ropa adecuada. Existe en el mercado ropa con factor de protección que dependerá de su color, hechura, espesor, tratamiento químico, etc.
  • Lleve la cabeza cubierta. Mejor sombrero de ala ancha, que las gorras de “béisbol americanas”. Le va a proteger también las orejas.
  • Use gafas de sol. Es muy recomendable proteger los ojos, que también están expuestos a los efectos perjudiciales del sol (favorece la formación de cataratas, etc). Use gafas de sol homologadas.
  • Use fotoprotector solar. Los protectores solares vienen etiquetados con un factor de protección solar (FPS) 15, 30 o 50. Un protector solar etiquetado con un FPS 15 significa que usted tardará 15 veces más en quemarse, comparado con lo que tardaría sin usar protector solar alguno. Un protector solar con un FPS 30 significa que le tomaría 30 veces más tiempo.

La eficacia de los protectores solares se ve afectada por varios factores. Los ingredientes activos de un protector solar se descomponen con el tiempo, así que asegúrese de comprobar la fecha de caducidad indicada en el envase. La cantidad que utiliza y la frecuencia de uso afectan su protección contra el sol; la transpiración y el tiempo en el agua también pueden reducir la eficacia de la protección solar.

En la aplicación del fotoprotector siga los consejos de su dermatólogo sobre cuál debe usar y cómo, tanto para la cara como para el cuerpo.

Aplíqueselo 20 ó 30 minutos antes de la exposición solar, de forma generosa en cara y cuerpo, con la piel limpia, sin restos de cosméticos y renuévelo cada dos o tres horas, o antes si se ha bañado o ha sudado en exceso.

Cuidado especial con los niños, embarazadas y personas de edad. Son más sensibles a la radiación solar. Extreme las medidas de fotoprotección. Cuidado si se expone al sol y está tomando medicación. Asegúrese que no son medicamentos fotosensibles.

Cuidado con los días nublados. Las nubes dejan pasar los rayos solares. No descuide esos días la fotoprotección. Muchas de las quemaduras solares que vemos los dermatólogos se producen en esos días por “bajar la guardia”.

 

 

Publicado en La Rioja el 1 de Agosto de 2017

Miguel Aizpún

 
Cuidados de salud en verano

El verano es la época del año donde se presentan unas patologías propias de esta estación. Quemaduras solares, golpe de calor, insolación, intoxicaciones alimentarias, conjuntivitis, otitis, micosis, accidentes en piscinas, playas o ríos,…, son los enemigos de nuestra salud en verano.

Quemaduras. Se trata del peligro más frecuente de las vacaciones. Son muchos lo que se quedan dormidos en la playa o los que olvidan los fotoprotectores. Además del envejecimiento prematuro de la piel, el riesgo de un cáncer cutáneo es un hecho confirmado. Por eso es importante utilizar la protección solar adecuada, según el tipo de piel, y exponerse al sol de forma progresiva. Los niños necesitan mayor protección, ya que su sistema inmunológico no está totalmente desarrollado. Los especialistas recomiendan que no se exponga al sol a los menores de tres años y que utilicen medidas de protección complementarias a las cremas, como gorros, camisetas y gafas de sol.

Insolación. Las lesiones cutáneas vienen muchas veces acompañadas de la temida insolación. Dolor de cabeza, fatiga, deshidratación, escalofríos e incluso náuseas y vómitos, son sus síntomas. Se trata de un cuadro asociado a una falta de respuesta de los mecanismos encargados de eliminar el exceso de calor del cuerpo, que puede llegar a provocar lesiones irreparables. Para prevenirla, basta con beber agua regularmente, preferentemente enriquecida con sales, y evitar largas exposiciones al sol.

Salmonelosis. El calor también afecta a la calidad de los alimentos. Entre las enfermedades infecciosas de mayor incidencia se encuentra la salmonelosis. Su causa es la “salmonella”, una bacteria presente de forma natural en el intestino de los animales y que puede ser tóxica en alimentos como huevos crudos o poco cocinados, aves mal cocidas y alimentos cocinados que se mantienen sin refrigerar durante un tiempo prolongado. La infección se traduce a las pocas horas en diarreas, fiebre, vómitos y dolores abdominales. Para prevenirla, se debe guardar la máxima higiene en la cocina, respetar la cadena del frío y evitar el consumo de productos crudos.

Conjuntivitis. Esta patología, provocada por los baños en piscinas con exceso de cloro, es el principal problema que presentan los ojos en verano. Para evitar sus efectos nocivos (irritación, picor y falta de visión), se recomienda lavar los ojos con suero fisiológico después de cada baño y usar siempre gafas de piscina. El contacto directo de los ojos con el agua de mar también debe evitarse, ya que presenta una concentración salina que puede producir sequedad.

Micosis. Producida por la acción de los hongos, suele presentarse en los pies y en las zonas con pliegues, como las axilas y las ingles. Andar descalzo, el sudor, el roce y la humedad favorecen su contagio. El paciente debe ser meticuloso con el tratamiento, ya que la curación es lenta. Para prevenirla aconsejo cambiar de calzado dos veces al día y secarse bien las zonas de riesgo. Aunque nunca compartiendo toallas, que pueden ser una posible fuente de contagio, sobre todo si están mojadas.

Todos los veranos tenemos desgraciadamente algún ahogamiento, y diversas lesiones de mayor o menor gravedad por accidentes en piscinas, playas o ríos.

La mayoría de las lesiones en piscinas son porque el afectado desconoce la profundidad del fondo o bien porque calcula mal al tirarse al agua y se golpea con el bordillo. En los ríos suele producirse por desconocimiento de sus características: fondo, rocas, etc. Y en el mar, en ocasiones por el mismo efecto de la ola.

De acuerdo con los datos del Ministerio de Sanidad, las zambullidas en el agua producen entre un 5 y un 6,5% del total de las lesiones medulares. Los afectados son, en más de un 80%, jóvenes de 15 a 25 años, y cuatro de cada cinco son varones. Se trata de un accidente que se puede prevenir de forma fácil.

La lesión está muy relacionada con la forma de tirarse al agua. Así, la mayoría de los accidentes se producen cuando el sujeto se tira de cabeza en un lugar donde no cubre lo suficiente. La intensidad de la lesión depende del golpe.

Un riesgo añadido a estos accidentes es que el lesionado puede perder el conocimiento y ahogarse.

Publicado en La Rioja el 18 de Julio de 2017

Miguel Aizpún

 
Cómo no enfermar en los viajes

Más del 35% de las personas que inician su viaje al extranjero no consulta con su médico ni adoptan las medidas oportunas de vacunación, alimentación, etc., por lo que les voy a dar varios consejos.

Cuidado con los alimentos, sobre todo en determinadas zonas sin garantías sanitarias. Se aconseja extremar las medidas higiénicas. No hay que olvidar que los alimentos deben ser cocinados, pelados o no tomados. Cuidado con las verduras, frutas, comidas crudas o poco cocinadas.

El agua es vehículo en la transmisión de muchas enfermedades infecciosas, extremar las precauciones con las bebidas sin embotellar, que contengan cubitos de hielo, helados, etc. Beber siempre agua embotellada.

Cuidado con las picaduras de insectos. Chinches, pulgas, piojos, moscas, mosquitos y garrapatas pueden ser transmisores de enfermedades infecciosas. Para evitarlas, vestir ropa cómoda protegiendo los pies y brazos y evitar los colores oscuros donde hay mosca tse-tse. Impregnar las partes expuestas del cuerpo con repelente. En las zonas donde hay mosquitos hay que impregnarse de repelente durante todo el día.

Cuidado con el sol. En contacto con el sol se debe llevar la cabeza cubierta, usar camiseta y gafas de sol. Además, si la piel se expone directamente al sol debe usarse un fotoprotector adecuado para su piel y aplicarlo generosamente media hora antes de la exposición solar, aplicación que debe ser renovada periódicamente, según el tipo de fotoprotector.

Cuidado con los niños, ancianos y enfermos. Las precauciones con el sol y el calor deben extremarse en los niños, ancianos y personas debilitadas por sufrir alguna patología crónica o grave.

Después del sol, los dermatólogos recomiendan darse una buena ducha después de la exposición solar y posteriormente hidratar la piel.

Evite las quemaduras solares. Estas se producen con más facilidad entre las 12 y las 16 horas de la tarde, cuando la sombra de nuestro cuerpo es pequeña y en los días nublados.

Llevar siempre los medicamentos en el bolso de mano. Toda la medicación que vaya a usarse durante el viaje y en el destino se debe llevar a mano. Los niños, las embarazadas, las personas de edad avanzada y quienes tienen una patología previa o una enfermedad crónica son grupos de riesgo y deben extremar las precauciones. Los alérgicos a medicamentos deben llevar un documento que informe de la alergia que padecen. Se aconseja llevar medicación para 2 ó 3 días más de la duración prevista del viaje, por si surgiera cualquier problema.

Los pacientes con enfermedades crónicas, diabetes, enfermedades respiratorias, cardiovasculares, etc., deben llevar un informe de su médico o especialista. Según el país o países a visitar es conveniente llevar una copia en inglés.

Se aconseja consultar con su médico si se padece alguna enfermedad, la conveniencia o no de efectuar el viaje.

Si va a viajar al extranjero no se olvide de ponerse las vacunas correspondientes y hacer la profilaxis de las enfermedades endémicas del país que vaya a visitar. Antes de iniciar el viaje también debemos realizar un repaso a nuestra documentación medico-sanitaria y no vendrá de más que nos informemos sobre la cobertura internacional que ofrece la póliza del seguro sanitario de carácter privado, en el caso de tenerlo contratado o desear hacerlo. Recuerden que 8 de cada 10 españoles que viajan a países tropicales no toman las medidas sanitarias oportunas antes de iniciar el viaje. No deje las vacunas para última hora.

No olvide llevar su tarjeta sanitaria sobre todo en los viajes nacionales. En viajes al extranjero, conviene informarse sobre si el país de destino tiene convenio con España para, en ese caso, llevarse también la tarjeta de la Seguridad Social. Si no tiene convenio hágase un seguro.

Cuidado con las diarreas, es fundamental evitar la deshidratación, bebiendo mucho agua, lleve un antidiarreico en su botiquín. Cuidado con la deshidratación en niños y personas de edad.

Los pies son una parte delicada del cuerpo, especialmente en verano. Para evitar las posibles afecciones dermatológicas que afectan a esta parte del cuerpo se recomienda tener cuidado con la higiene en las piscinas, mantener los pies secos después del baño y no caminar descalzo en piscinas, playas u otros lugares de riesgo.

El calzado muy cerrado o no transpirable aumenta la sudoración y la maceración persistente, facilitando infecciones bacterianas y fúngicas. Utilice calzado cómodo y transpirable en excursiones y en caminatas prolongadas para evitar rozaduras y ampollas.

Lleve un pequeño botiquín en su bolso de mano, que le aconseje su medico.

 

 

Publicado en La Rioja el 11 de Julio de 2017

Miguel Aizpún

 
Cuidado con el ejercicio físico en horas de sol

En esta época del año, las primeras horas de la mañana y las últimas horas de la tarde son las mejores para practicar ejercicio físico.

Es frecuente que en verano, aprovechando las vacaciones, queramos hacer todo el ejercicio físico que no hemos hecho a lo largo del año. Que carguemos el coche con la bicicleta, raquetas, etc. Si no hacemos deporte habitualmente, debemos programar nuestro ejercicio físico. Empezar poco a poco, eligiendo bien la hora del día en que vamos a ir en bicicleta, correr, caminar, etc., buscar recorridos sombreados, evitar las horas del día más soleadas, ir poco a poco, usar ropa adecuada, que sea cómoda, ligera y transpirable. Estas tres características ayudarán a eliminar el calor. No olvidar llevar la cabeza cubierta y gafas de sol homologadas. Aplicar el fotoprotector 50+, con el sudor pierde efecto y hay que renovar su aplicación, no olvidando de aplicarlo también en días nublados, ya que las nubes dejan pasar los rayos solares.

Compañera irremplazable debe ser también la botella de agua. Hidratarse es vital para reponer líquidos y sales perdidas a través del sudor, no sólo después, sino antes y durante el ejercicio. “Hay que tomar líquido, si puede ser agua, mejor, para compensar la que perdemos al sudar y respirar. A mayor exposición al sol, más nos tenemos que hidratar.

Si hacemos deporte a pleno sol, se unen el calor, el esfuerzo y la perdida de líquidos. Este puede ser uno de los desencadenantes del golpe de calor. Cuando el cuerpo no puede regular su temperatura y esta crece hasta alcanzar los 40 o 41 grados centígrados, estamos ante uno de ellos. Se produce la inflamación de determinados órganos que puede llevar una pérdida de conocimiento y hasta comprometer la vida.

Los principales síntomas son las temperaturas corporales altas, la desorientación, o los fallos en el corazón y en la respiración. Si un deportista los experimenta, debe parar, situarse a la sombra y tomar líquidos. Es fundamental hidratarlo, ventilarlo, abanicarlo e incluso utilizar paños fríos para que vaya perdiendo el calor, y bajar así su temperatura hasta los 39 grados.

Los días de calor intenso obligan a nuestro cuerpo a un esfuerzo de adaptación para mantener la temperatura corporal normal, ya que se suda más nuestras venas se dilatan, una situación que se da con especial crudeza cuando existe mucha humedad y sin viento.

Existen grupos considerados de mayor riesgo ante una ola de calor, además de las personas mayores: los enfermos (que hayan tenido patología cardiovascular, cerebrovascular, respiratoria, renal, neurológica, diabetes…) o medicados (anticolinérgicos, antihistamínicos, fenotiazinas, psicofármacos, diuréticos, betabloqueadores…); personas con facultades mentales disminuidas; niños menores de 4 años y personas con sobrepeso.

Se aconseja combatir las altas temperaturas con medidas sencillas como beber mucho agua o líquidos (eso sí, evitando las bebidas alcohólicas, café, té o cola y las muy azucaradas); permanecer en lugares frescos; tomar una ducha o un baño; bajar las persianas evitando que el sol entre directamente; evitar el uso de máquinas y aparatos que puedan producir calor en las horas más calurosas, sobre todo si son intensas; y, si tiene que permanecer en el exterior, estar a la sombra, usar ropa ligera y de color claro y utilizar un calzado fresco, cómodo y que transpire.

Con estas precauciones, todo apasionado del deporte hará que una de las mejores opciones para aprovechar el tiempo libre y las horas de luz solar que nos ofrece esta cálida época del año no se convierta en una experiencia de ingrato recuerdo.

Publicado en La Rioja el 4 de Julio de 2017

Miguel Aizpún

 
Cuando la piel envejece

El aumento de la esperanza de vida está provocando profundos cambios en los ámbitos social, económico y sanitario. El elevado número de personas mayores plantea diversos problemas, que van desde la necesidad de asegurar las pensiones hasta la cobertura de una demanda asistencial que compromete el propio sistema de vida y la economía de quienes han de atender, muy especialmente, a los ancianos impedidos.

La dermatología no es, ni mucho menos, ajena a este nuevo escenario. La piel, al igual que el resto del cuerpo, también envejece y, por ello, se ve aquejada de afecciones que requieren de una atención especial. Además, se debe tener muy en cuenta la imbricación psicológica que muchos de estos trastornos dermatológicos muestran en este segmento de población.

La piel envejecida por el paso del tiempo muestra numerosas patologías, que van desde las erupciones cutáneas provocadas por medicamentos de uso frecuente e la tercera edad hasta la propia sequedad de la piel que incentiva el picor y el deseo instintivo de frotarse o rascarse, con el consiguiente riesgo de irritación.

En dermatología, al igual que ocurre con otras especialidades médicas, los ancianos constituyen una población de riesgo. La frecuencia de infecciones aumenta con la edad (especial atención merece el virus del herpes zóster y la neuralgia postherpética), además de las llagas y lesiones ulcerosas frecuentes e los pacientes inmovilizados o encamados. Y también la incidencia de tumores de la piel (como ocurre con otras enfermedades) es mayor en la tercera edad.

La lista de trastornos dermatológicos provocados o incentivados por lo avanzado de la edad es demasiado larga para incluirla en este artículo. Es importante subrayar, sin embargo, que el progresivo debilitamiento del sistema inmunológico aconseja la implantación de un sistema preventivo eficaz y de un reforzamiento psicológico que asegure el cumplimiento de las prescripciones. En definitiva, hay que volver a la raíz de la vocación médica, que se inicia con ganarse la confianza del enfermo.

Miguel Aizpún

Publicado en la página web de la Fundación Piel Sana

 
La prevención en Dermatología

“Más vale prevenir que curar” asegura el viejo refrán. Y, en el caso, de la piel, esta afirmación adquiere una especial relevancia. En primer lugar porque, al ser la piel el órgano más extenso del cuerpo humano, las precauciones son numerosas y variadas. Tantas como pueden ser las consecuencias de los descuidos por parte de los posibles futuros pacientes.

A nivel general, se ha avanzado mucho en la concienciación de la necesidad de protegerse del sol, gracias a las campañas en las que la Academia de Dermatología ha jugado un papel de protagonista o de colaborador decisivo. Los dermatólogos españoles han estado siempre en primera línea, aconsejando a la población a través de todos los medios a su alcance. Esta tarea asistencial y educativa se ha visto recompensada con una reducción notable de los efectos negativos que una exposición solar inadecuada produce sobre la piel. Efectos que pueden ir desde una leve quemadura hasta un melanoma mortal.

Sin embargo, queda mucho por avanzar en el ámbito de la concienciación a nivel individual. Porque todavía existen muchas personas que, ante la aparición de una mancha sospechosa, recurren al consejo del amigo o a supuestos “especialistas”, que vienen a aplicar tratamientos inadecuados y, con frecuencia, contraproducentes, cuando lo normal sería una consulta inmediata al dermatólogo.

Esta batalla de la concienciación individual debe partir, precisamente, de la afirmación de que el dermatólogo es el único especialista cualificado para el cuidado efectivo de la piel. Y también, en lógica consecuencia, el único que puede establecer una estrategia preventiva con garantías.

El cuidado de la piel no puede ser entendido como una oportunidad de negocio, sino como una cuestión de salud, incluso en lo estético, porque lo sano es el soporte básico de lo bello. Y esto deben entenderlo también los responsables del poder público, cuya obligación es proteger a los ciudadanos, a través de regulaciones adecuadas que preserven el patrimonio más valioso del ser humano, que es su salud.

Miguel Aizpún

Publicado en la página web de la Fundación Piel Sana

 
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