Dr. Miguel Aizpún Ponzán

Dra. Eva Fernández Vilariño

Dra. Patricia García Morrás

Que un viaje te cambie la vida, no la salud

Emma Christofferson, una inglesa de 28 años, murió de una embolia pulmonar que se atribuyó al llamado “síndrome de la clase turista”. Poco se había escuchado hasta entonces de este síndrome que consiste en la formación de coágulos sanguíneos (trombos) en las venas profundas de las piernas tras hacer un viaje de larga duración y con pocas posibilidades de moverse. Este último factor es el que, alrededor de 1995, dio origen al nombre de la enfermedad ya que habitualmente la clase turista de los aviones (y, en general, de cualquier otro medio de transporte), ofrece asientos pequeños con poco espacio de separación, lo que dificulta que la sangre realice su recorrido normal en las venas.

Esta parece ser la única causa probada del síndrome en cuestión porque cuando se ejercitan los músculos de las piernas, presionan las venas profundas, y se logra así que la sangre de retorno ascienda hasta el corazón. Por el contrario, una inmovilidad prolongada ralentiza ese flujo de sangre y, por lo tanto, favorece la formación de trombos.

Las consecuencias del síndrome de la clase turista pueden resultar muy graves. Son precisamente los casos mortales por embolia pulmonar los que han hecho tristemente famoso este trastorno que, sin embargo, ocurre muy raramente (según estadísticas francesas, se registran 0,5 episodios por cada millón de pasajeros).

Consejos para evitar este Síndrome:

  • Levantarse del asiento y darse un paseo, al menos una vez por cada hora de viaje.

  • Masajearse los pies, los tobillos, las pantorrillas y las rodillas y ejercitar los músculos de las piernas moviendo los dedos de los pies para estimular la circulación de la sangre.

  • Tomar líquidos, pero evite el alcohol y la cafeína, que contribuyen a la deshidratación.

  • Llevar ropa suelta y calcetines o medias elásticas que estrechan ligeramente las venas y favorecen la circulación (vigile que no le aprieten)

  • Pedir asientos de pasillo o junto a las salidas de emergencia, que disponen de más espacio para estirar las piernas.

Este síndrome se puede dar también en viajes largos de autobús.

Otro de los problemas asociados a los viajeros que utilizan el avión con frecuencia en el “jet lag”, Este síndrome reúne todos los síntomas que resultan de la adaptación del organismo a un nuevo horario, siempre que se realice un viaje transoceánico, esencialmente a partir de una diferencia horaria de tres horas.

Después de una diferencia horaria de 6 horas, se necesitan al menos 2 a 3 días para reajustar el ritmo de las temperaturas y varias semanas más para la adaptación de algunos ritmos hormonales. El último de los desórdenes es la falta de sueño, a menudo debida al viaje en sí y a las actividades practicadas por el viajero.

Se ha demostrado que la adaptación es más fácil cuando se realiza un desplazamiento al oeste – extensión del día de algunas horas- que hacia el este –reducción de la jornada con algunas horas menos_. Los tiempos de reajuste son aproximadamente de hora y media por día en un vuelo hacia el oeste y de una hora para un vuelo hacia el este.

El miedo a volar es un problema al que a diario tienen que hacer frente cientos de personas. Este pánico puede aparecer por haber sufrido una mala experiencia durante un vuelo, o incluso en personas que nunca han viajado en avión. En cualquier caso, todas ellas presentan crisis de angustia que generalmente aparecen antes de subir al avión. Por ello, según los expertos, es recomendable tomar un ansiolítico.

Si el viaje es en coche hay que tener en cuenta que largas horas al volante terminan pasando factura al conductor. Al cansancio y al sueño se unen, en muchas ocasiones, los gritos, las peleas o mareos de los más pequeños. Conviene organizar muy bien el viaje, previendo pausas cada dos horas aproximadamente, y teniendo claro el itinerario para que una posible ruta equivocada no altere al piloto. Las prisas no son buenas compañeras de viaje. Se recomienda conducir tras haber descansado tiempo suficiente. Si desea se puede viajar de noche para que los acompañantes puedan ir durmiendo, pero hacerlo en plenas facultades. No establecer un tiempo de llegada, eso sólo acelerará al conductor.

 Miguel Aizpún

Publicado en La Rioja el 8 de Agosto de 2017