Dr. Miguel Aizpún Ponzán

Dra. Eva Fernández Vilariño

Dra. Patricia García Morrás

Cuando la piel envejece

El aumento de la esperanza de vida está provocando profundos cambios en los ámbitos social, económico y sanitario. El elevado número de personas mayores plantea diversos problemas, que van desde la necesidad de asegurar las pensiones hasta la cobertura de una demanda asistencial que compromete el propio sistema de vida y la economía de quienes han de atender, muy especialmente, a los ancianos impedidos.

La dermatología no es, ni mucho menos, ajena a este nuevo escenario. La piel, al igual que el resto del cuerpo, también envejece y, por ello, se ve aquejada de afecciones que requieren de una atención especial. Además, se debe tener muy en cuenta la imbricación psicológica que muchos de estos trastornos dermatológicos muestran en este segmento de población.

La piel envejecida por el paso del tiempo muestra numerosas patologías, que van desde las erupciones cutáneas provocadas por medicamentos de uso frecuente e la tercera edad hasta la propia sequedad de la piel que incentiva el picor y el deseo instintivo de frotarse o rascarse, con el consiguiente riesgo de irritación.

En dermatología, al igual que ocurre con otras especialidades médicas, los ancianos constituyen una población de riesgo. La frecuencia de infecciones aumenta con la edad (especial atención merece el virus del herpes zóster y la neuralgia postherpética), además de las llagas y lesiones ulcerosas frecuentes e los pacientes inmovilizados o encamados. Y también la incidencia de tumores de la piel (como ocurre con otras enfermedades) es mayor en la tercera edad.

La lista de trastornos dermatológicos provocados o incentivados por lo avanzado de la edad es demasiado larga para incluirla en este artículo. Es importante subrayar, sin embargo, que el progresivo debilitamiento del sistema inmunológico aconseja la implantación de un sistema preventivo eficaz y de un reforzamiento psicológico que asegure el cumplimiento de las prescripciones. En definitiva, hay que volver a la raíz de la vocación médica, que se inicia con ganarse la confianza del enfermo.

Miguel Aizpún

Publicado en la página web de la Fundación Piel Sana