Dr. Miguel Aizpún Ponzán

Dra. Eva Fernández Vilariño

Dra. Patricia García Morrás

Prensa

 



La alimentación y la piel

 

Uno de los primeros cambios que suele producirse cuando comienza el nuevo año consiste en corregir los excesos alimenticios que se producen durante las fiestas navideñas. Y, aunque no suele repararse en ello, conviene subrayar que la nutrición (pieza importante del contexto de una vida sana) tiene una influencia considerable sobre el estado de la piel. La ingesta de alimentos ricos en ácidos grasos esenciales, así como una atención adecuada a las vitaminas puede proporcionar efectos muy beneficiosos .Por ejemplo, el ácido fólico o la riboflavina están relacionados, respectivamente, con la renovación celular y con la prevención y reducción de la seborrea. Por su parte, la vitamina C constituye un eficaz escudo protector, al activar muy notablemente las defensas.

Sin embargo, es la vitamina A la que, seguramente, realiza aportaciones más claras para el mantenimiento de una piel sana, favoreciendo el desarrollo de pigmentos en la piel. Mientras que los efectos antioxidantes de la vitamina E contribuyen a mejorar el tejido y, con ello, a un envejecimiento en mejores condiciones. Una alimentación variada, que garantice el suministro de las vitaminas más influyentes constituye un verdadero seguro para la piel.

Frente a esto, los factores tóxicos (como el estrés, el tabaco o el alcohol) tienen una influencia muy negativa sobre el órgano más extenso del cuerpo humano. Cada vez se realizan más estudios que aportan nuevos datos y precisan las relaciones entre alimentación y cuidado de la piel. Estos primeros días del año vienen a ser el momento adecuado para, además de compensar los excesos navideños, trazar una estrategia eficaz que garantice una dieta adecuada , en el contexto de una vida saludable.

 

 

Miguel Aizpún

 
Extreme el cuidado con las medusas

Cada año, las medusas se van convirtiendo en un problema mayor en las playas españolas. Hace años, encontrar unas medusas era casi anecdótico y servía de tema de conversación entre los bañistas. En los últimos años, las medusas en la mayoría de las playas españolas se han convertido en un “bañista más”. Además, cada vez se acercan a nuestras playas ejemplares más peligrosos.

Los científicos creen que hay dos razones fundamentalmente, por una parte, el exceso en la pesca ha hecho que vayan a menos los peces que siempre han actuado de depredadores naturales de las medusas, y por otra parte, el aumento de la temperatura del mar ha favorecido el aumento de las medusas. La medusa común suele ser la más habitual en nuestras playas, sobre todo en el Mediterráneo, pero en los últimos años se han detectado especies más peligrosas de medusas, no habituales en nuestras costas y mucho más peligrosas. Una de las especies de medusas más peligrosas es la carabela portuguesa, ya que tiene 10 veces mayor concentración de células urticantes y un veneno más potente. No es muy frecuente en nuestras playas, pero en los últimos años se empiezan a ver algunas.

La picadura de la medusa es de las más vinculadas al verano y es una de las más molestas. Normalmente se produce por contacto de forma accidental con alguno de los tentáculos que liberan una sustancia urticante, produciendo la reacción en la piel.

Por norma general, las picaduras de medusas no suelen ser graves, aunque siempre hay excepciones. Si hay algo que caracteriza a estas picaduras es la molestia y el ardor que presenta en la piel del bañista al entrar en contacto con la medusa.

Los síntomas comunes a las picaduras de medusas, sin contar con que el paciente sea alérgico o tendrá algún tipo de de enfermedad que haga variar estos, son: dolor, ardor, inflamación, enrojecimiento y sangrado.

Posteriormente pueden aparecer síntomas similares a los producidos por una quemadura. La distribución del veneno por todo el organismo puede conducir a una sensación de opresión torácica, calambres musculares e incluso dificultad respiratoria.

Aparece con cierta frecuencia un cuadro con angustia, agitación, pérdida de apetito, conjuntivitis y en ocasiones dolor de cabeza. Pero, en general, la clínica post-picadura suele ceder en pocas horas.

Hay que extremar la precaución en los niños en la zonas de playa con medusas. Si se ha producido una picadura, atención en los niños, en los ancianos, en embarazadas, en personas alérgicas, en personas con problemas cardiovasculares o respiratorios y también en personas que con anterioridad hayan sufrido picaduras ya que las reacciones pueden ser más intensas.

Qué se debe hacer ante la picadura de una medusa: evitar rascarse, retirar con cuidado los restos de medusa, lavarse con agua salada (nunca con agua dulce), aplicar frío (por ejemplo hielo), y acudir al puesto de socorro o centro de salud más próximo.

El verano es la estación por excelencia para las picaduras de avispas, abejas, mosquitos, tábanos, chinches, pulgas, arañas y garrapatas. Con el calor se inicia la época más prolífica de los insectos, hacemos más actividades al aire libre y llevamos menos ropa dejando al descubierto mayor extensión de piel.

Miguel Aizpún

Publicado en La Rioja el 22 de Agosto de 2017

 
Una buena protección frente al sol

Seguramente, la protección frente al sol aportada por la ropa sea una de las que menos se tienen en cuenta a nivel práctico. Y, sin embargo, se trata de un medio seguro, sencillo y poco costoso. Una vestimenta adecuada constituye una barrera eficaz contra los rayos ultravioleta B y también contra los rayos ultravioleta A y las radiaciones visibles.

                    Esto no quiere decir que los fotoprotectores (siempre recomendados por el dermatólogo para potenciar su eficacia, adecuándolos a cada tipo de piel) no jueguen un papel muy importante. Pero a menudo se olvida que deben aprovecharse todos los medios para aprovechar los efectos beneficiosos del sol y evitar sus impactos negativos.

                    Así como los fotoprotectores son cada vez más eficaces, la tecnología ha dotado también a los tejidos de propiedades protectoras que resultaban inimaginables. Hoy no existen disculpas para descuidarse en la protección frente al sol y evitar una amplia gama de efectos adversos, que van desde la simples quemaduras al cáncer de piel. Afortunadamente, tenemos a nuestra disposición equipamientos de los que podemos echar mano con facilidad, ya que resultan asequibles y eficaces. Lo más seguro y conveniente es pedir consejo al dermatólogo, que es el especialista que puede informar adecuadamente sobre los nuevos avances y orientar sobre su utilización.

                    Se han realizado muchos estudios para comprobar cual es la ropa más adecuada dependiendo de su porosidad, espesor, color, etc, la prenda con mayor índice de protección es la prenda vaquera y por el contrario algunas camisetas que usamos en verano protegen menos que una crema antisolar factor 15, y si están húmedas o mojadas, aún menos.

                    La ropa puede absorber o bloquear gran parte de la radiación cuando nos exponemos al sol.

                    Al elegir la ropa que vamos a usar cuando hacemos deporte, vamos a la piscina o a la playa, y queremos que nos proteja del sol debemos tener en cuenta:

  • El color. Los colores oscuros como el rojo o el negro, absorben más RUV que el blanco o los colores pastel, bloqueando el paso de los RUV antes de que alcancen la piel. Entre más oscuro sea el color, mayor será la protección contra los RUV.

  • El entramado del tejido. Las telas o tejidos de punto apretado bloquean más RUV que las telas con un tejido más amplio o suelto como el encaje.

  • Tipo de fibra. Las fibras sintéticas o semisintéticas (como el poliéster o el rayón) ofrecen la mayor protección solar. Por el contrario, el algodón blanqueado o el crepe ofrecen una menor protección. Las telas brillantes como el satín reflejan más RUV que las telas mate como el lino.

  • Grosor y densidad. Los materiales delgados y livianos, incluyendo algunas sedas y algodones decolorados, dejan pasar más RUV que los tejidos más pesados y densos como el corduroy o pana.

  • Factor de Protección Ultravioleta (FPU). La etiqueta de FPU le ayudará a identificar las prendas con factor de protección solar, el número en la etiqueta indica la fracción de RUV que puede ser bloqueados por el tejido.

                        Como recomendaciones muy elementales, hay que subrayar que una sencilla camiseta de algodón (y más si el tejido es tupido y de color oscuro) constituye un protector fácil y cómodo. También los sombreros de ala ancha son un medio tradicional para proteger la cara, nuca y cuello. Y el uso de las gafas de sol resulta obligatorio para preservar al cristalino de los efectos deletéreos de la radiación ultravioleta.

                        La ropa constituye una buena protección solar y cada vez el mensaje de “use ropa adecuada” para el deporte en verano o en la piscina o en la playa, será más protagonista en las campañas de protección solar del siglo XXI.

                        Hoy tenemos la oportunidad de beneficiarnos de la experiencia frente al sol de quienes nos precedieron y de los avances tecnológicos que la han mejorado y marcan el futuro. Y lo inteligente es acudir a un especialista capaz de aprovechar al máximo la mezcla de tradición e innovaciones; en este caso, el dermatólogo.

Miguel Aizpún

Publicado en La Rioja el 15 de Agosto de 2017 

 

 
Que un viaje te cambie la vida, no la salud

Emma Christofferson, una inglesa de 28 años, murió de una embolia pulmonar que se atribuyó al llamado “síndrome de la clase turista”. Poco se había escuchado hasta entonces de este síndrome que consiste en la formación de coágulos sanguíneos (trombos) en las venas profundas de las piernas tras hacer un viaje de larga duración y con pocas posibilidades de moverse. Este último factor es el que, alrededor de 1995, dio origen al nombre de la enfermedad ya que habitualmente la clase turista de los aviones (y, en general, de cualquier otro medio de transporte), ofrece asientos pequeños con poco espacio de separación, lo que dificulta que la sangre realice su recorrido normal en las venas.

Esta parece ser la única causa probada del síndrome en cuestión porque cuando se ejercitan los músculos de las piernas, presionan las venas profundas, y se logra así que la sangre de retorno ascienda hasta el corazón. Por el contrario, una inmovilidad prolongada ralentiza ese flujo de sangre y, por lo tanto, favorece la formación de trombos.

Las consecuencias del síndrome de la clase turista pueden resultar muy graves. Son precisamente los casos mortales por embolia pulmonar los que han hecho tristemente famoso este trastorno que, sin embargo, ocurre muy raramente (según estadísticas francesas, se registran 0,5 episodios por cada millón de pasajeros).

Consejos para evitar este Síndrome:

  • Levantarse del asiento y darse un paseo, al menos una vez por cada hora de viaje.

  • Masajearse los pies, los tobillos, las pantorrillas y las rodillas y ejercitar los músculos de las piernas moviendo los dedos de los pies para estimular la circulación de la sangre.

  • Tomar líquidos, pero evite el alcohol y la cafeína, que contribuyen a la deshidratación.

  • Llevar ropa suelta y calcetines o medias elásticas que estrechan ligeramente las venas y favorecen la circulación (vigile que no le aprieten)

  • Pedir asientos de pasillo o junto a las salidas de emergencia, que disponen de más espacio para estirar las piernas.

Este síndrome se puede dar también en viajes largos de autobús.

Otro de los problemas asociados a los viajeros que utilizan el avión con frecuencia en el “jet lag”, Este síndrome reúne todos los síntomas que resultan de la adaptación del organismo a un nuevo horario, siempre que se realice un viaje transoceánico, esencialmente a partir de una diferencia horaria de tres horas.

Después de una diferencia horaria de 6 horas, se necesitan al menos 2 a 3 días para reajustar el ritmo de las temperaturas y varias semanas más para la adaptación de algunos ritmos hormonales. El último de los desórdenes es la falta de sueño, a menudo debida al viaje en sí y a las actividades practicadas por el viajero.

Se ha demostrado que la adaptación es más fácil cuando se realiza un desplazamiento al oeste – extensión del día de algunas horas- que hacia el este –reducción de la jornada con algunas horas menos_. Los tiempos de reajuste son aproximadamente de hora y media por día en un vuelo hacia el oeste y de una hora para un vuelo hacia el este.

El miedo a volar es un problema al que a diario tienen que hacer frente cientos de personas. Este pánico puede aparecer por haber sufrido una mala experiencia durante un vuelo, o incluso en personas que nunca han viajado en avión. En cualquier caso, todas ellas presentan crisis de angustia que generalmente aparecen antes de subir al avión. Por ello, según los expertos, es recomendable tomar un ansiolítico.

Si el viaje es en coche hay que tener en cuenta que largas horas al volante terminan pasando factura al conductor. Al cansancio y al sueño se unen, en muchas ocasiones, los gritos, las peleas o mareos de los más pequeños. Conviene organizar muy bien el viaje, previendo pausas cada dos horas aproximadamente, y teniendo claro el itinerario para que una posible ruta equivocada no altere al piloto. Las prisas no son buenas compañeras de viaje. Se recomienda conducir tras haber descansado tiempo suficiente. Si desea se puede viajar de noche para que los acompañantes puedan ir durmiendo, pero hacerlo en plenas facultades. No establecer un tiempo de llegada, eso sólo acelerará al conductor.

 Miguel Aizpún

Publicado en La Rioja el 8 de Agosto de 2017

 

 
Disfrute del placer del sol, pero no se queme

El sol es esencial para la vida. Nuestro cuerpo está diseñado para aprovechar el sol. Debemos saber disfrutar del sol, que tiene cosas buenas para nuestro cuerpo y nuestra salud. Favorece la formación de Vitamina D, que es necesaria para la función normal de los huesos. Tiene un efecto antidepresivo.

Todos estamos deseando que lleguen los primeros días de sol para salir de la “melancolía invernal”, tomar el sol evita una forma de depresión, conocida como “trastorno afectivo estacional”. El sol es bueno para algunas enfermedades de la piel, como el psoriasis y la dermatitis atópica, y favorece el bronceado, que es un patrón de belleza, aunque ahora en la moda se va más a un moreno suave, uniforme y más duradero. Ya lo dijo Nicole Kidman, “el blanco es bonito” y el bronceado no es sinónimo de salud.

Pero el sol también tiene sus efectos negativos: quemaduras solares, envejecimiento de la piel, cáncer de piel, etc.

Sepamos disfrutar el sol positivamente. No hagamos largas exposiciones al sol, y usemos siempre una buena fotoprotección solar.

Es importante conocer la respuesta de la piel ante la exposición solar que no es uniforme en todos los individuos. Hay que conocer nuestra “tolerancia al sol” (fototipo). Hay 6 tipos de fototipos, según el grado quemadura y pigmentación.

La piel tiene su propia protección frente al sol. Aumenta la producción de melanina y se produce el bronceado (protección fisiológica), pero nosotros debemos de adoptar unas medidas de fotoprotección (protección activa).

  • No tomar el sol en las horas de mayor actividad solar, de 12 a 16 horas. Aproveche para comer y realizar la siesta. Nunca al sol.
  • Usar ropa adecuada. Existe en el mercado ropa con factor de protección que dependerá de su color, hechura, espesor, tratamiento químico, etc.
  • Lleve la cabeza cubierta. Mejor sombrero de ala ancha, que las gorras de “béisbol americanas”. Le va a proteger también las orejas.
  • Use gafas de sol. Es muy recomendable proteger los ojos, que también están expuestos a los efectos perjudiciales del sol (favorece la formación de cataratas, etc). Use gafas de sol homologadas.
  • Use fotoprotector solar. Los protectores solares vienen etiquetados con un factor de protección solar (FPS) 15, 30 o 50. Un protector solar etiquetado con un FPS 15 significa que usted tardará 15 veces más en quemarse, comparado con lo que tardaría sin usar protector solar alguno. Un protector solar con un FPS 30 significa que le tomaría 30 veces más tiempo.

La eficacia de los protectores solares se ve afectada por varios factores. Los ingredientes activos de un protector solar se descomponen con el tiempo, así que asegúrese de comprobar la fecha de caducidad indicada en el envase. La cantidad que utiliza y la frecuencia de uso afectan su protección contra el sol; la transpiración y el tiempo en el agua también pueden reducir la eficacia de la protección solar.

En la aplicación del fotoprotector siga los consejos de su dermatólogo sobre cuál debe usar y cómo, tanto para la cara como para el cuerpo.

Aplíqueselo 20 ó 30 minutos antes de la exposición solar, de forma generosa en cara y cuerpo, con la piel limpia, sin restos de cosméticos y renuévelo cada dos o tres horas, o antes si se ha bañado o ha sudado en exceso.

Cuidado especial con los niños, embarazadas y personas de edad. Son más sensibles a la radiación solar. Extreme las medidas de fotoprotección. Cuidado si se expone al sol y está tomando medicación. Asegúrese que no son medicamentos fotosensibles.

Cuidado con los días nublados. Las nubes dejan pasar los rayos solares. No descuide esos días la fotoprotección. Muchas de las quemaduras solares que vemos los dermatólogos se producen en esos días por “bajar la guardia”.

 

 

Publicado en La Rioja el 1 de Agosto de 2017

Miguel Aizpún

 
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